Tras un largo parón, aquí estamos de nuevo, dispuesta a dar guerra con pequeñas historias. Que conste que, a parte de por una cuestión de orgullo, retomo esto porque mi peque me lo ha pedido, así que como lo prometido siempre es deuda, aquí me encuentro frente al ordenador.
Las fiestas del patrón, justo al acabar la Semana Santa, siempre nos dieron para mucho.
Aquel año éramos el ciento y la madre. A nuestro núcleo básico se habían unido todos nuestros amigos que venían desde distintas zonas de la geografía española para pasar sus vacaciones en el pueblo de sus padres: Barcelona, Madrid, Pamplona, Sevilla...todos juntos, pero no revueltos, o por lo menos eso era lo que parecía.
Y allí estaba él, Iñaki, dispuesto a disfrutar de sus vacaciones..."caiga quien caiga"...y cayó...Ángela cayó en sus redes. Después de toda la noche de juerga, bebiendo y disfrutando de la amistad, el intrepido chico tejió su tela como una araña y ella cayó como una pobre mosquita.
Ella, la independiente, siempre se enamora como una burra, y aquella aventura la marcó bastante.
A las seis de la mañana me fui yo para casa, mis padres habían ido a buscarme y lo habían hecho mucho más tarde de lo que yo me esperaba. El resto del mundo se quedó allí, sin mucho más que hacer, pero sin ganas de volver a casa.
A las doce de la mañana sonó el timbre de mi casa. Sonó con prisa. Pensé que quizás fueran mis padres que habían olvidado algo, pero al abrir la puerta, allí estaba ella...Ángela...todavía sin dormir aunque había pasado por casa y con los ojos como dos tomates de tanto llorar.
Pasó y se sentó en el sofá...bueno, más bien se tiró en el sofá. Yo no sabía qué pasaba ni que decir, así que la dejé allí un momento mientras me secaba el pelo que lo tenía chorreando y luego volví con ella que parecía algo más tranquila. Intenté que me contara que era lo que pasaba, pero lo único que conseguía era que volviera a empezar a llorar.
Estaba claro que algo le había pasado, no había que ser muy lista para darse cuenta de ello. La dejé que terminara de calmarse y que fuera ella la que hablara por sí misma, sin presión de mi parte. Y así fue, cuando ella consideró que estaba preparada empezó a hablar.
Fue anoche, cuando tu te fuiste Begoña...yo estaba con los demás y claro, con los demás estaba Iñaki. Ya sabes que entre nosotros está pasando algo, no sé, me siento muy extraña cuando estoy a su lado, no sé...ya sé que te parecerá todo mentira, que crees que lo mío es broma...pero es que, además de todo, anoche estaba borracho y me ha pedido que me acueste con él...¡y no sé qué hacer! yo no lo he hecho nunca...
Evidentemente, yo me quedé a cuadros...¿qué consejo se le da a una amiga que apenas tiene 15 años en un caso como ese? Bastante tenía con conseguir que dejara de llorar y que se viniera a comer...
Otra de nuestras miles de odiseas fue luchar por mantener a flote una asociación juvenil que fomentase actividades para la chavalería del pueblo. Las iniciativas eran buenas pero la gente no respondía como nosotras esperábamos.
La primera de nuestras fiestecillas en las que al final las únicas que respondíamos éramos nosotras mismas fue en un día de San Juan. Era el pistoletazo de salida para el verano, ya ninguna tenía clases y había que celebrarlo.
Aquel día estábamos todas: Ángela, Arantxa, Lidia, las hermanas mayores y nuestra peque, Jessica. Hicimos una partida de camisetas como regalo pero fue también nuestro uniforme de guerra, tenía un dibujo maya en la espalda y cada una la combinamos como mejor pudimos, la ceñíamos con nudos en la cintura, vaqueritos, en fin, intentando animar al personal para que se uniera a la fiesta con nosotros.
Quizás lo pasaramos mejor haciendo los preparativos, cantidades de ponche y de sangría, la música, las luces,...todo, la noche fue larga, intensa, llena de música, pero la lucha no había hecho más que empezar y esta batalla la habíamos ganado pero la guerra sería dura.
Aquella noche habíamos salido de marcha en el pueblo y nos habíamos encontrado con mucha gente de fuera. Entre copa y copa, unos cuantos tíos empezaron a hacercarse a nosotras...cada vez estaban más cerca, aquello parecía un documental y nosotras éramos la supuesta presa.
Por fin dejaron de hacer como se que arrimaban inocentemente a la barra y entraron directamente al ataque. Primero las presentaciones, los dos besos que nunca faltan y después las preguntas absurdas que a todos los tíos se le suelen ocurrir en un bar, con una copa en la mano, para intentar liarse con una chica. Nosotras también hicimos lo típico, nos presentamos, contestamos, nos mirabamos con ganas de reirnos...en fin, lo normal.

Nos dejaron solas un ratito pero cada vez que nos movíamos por el local nos iban siguiendo, acechando a las presas, sin perdernos un segundo de vista. Así toda la noche. Algunas de nosotras se fueron marchando bajo la consigna de "ya nos contais mañana lo que pasa"...pero ¿qué iba a pasar si eran un poco feos por no decir que eran muy feos?
Total que al final sólo quedamos Lidia y yo tomándonos la última copa y mientras los tíos dale que te pego, intentando por todos los medios ligar con nosotras...Pero siempre hay soluciones para todo, así que allí estábamos las dos, poniendo cara de diablillas...era como si nos estuvieramos leyendo la mente la una a la otra.
Según volvían a acercarse más nos íbamos acercando nosotras, Lidia que algunas veces perdía la vergüenza me cogió por la cintura y empezó a bailar conmigo muy acaramelada...los tíos seguían acercándose y Lidia se acercaba más a mi.
Aquello no parecía deternerlos y seguían aproximándose con la intención de volver a entrarnos...Lidia, un poco harta, ni corta ni perezosa y aprovechando que tenía por entonces un melenón, se arrimó a mi como la que me estaba besando...y automáticamente los tíos giraron sobre sí mismos y se fueron por donde habían venido.

Las dos nos abrazamos muertas de risa, disimulando todo lo posible...mirabamos de reojo y veíamos la cara de frustración de los moscones que habíamos tenido toda la noche volando alrededor nuestra y, para terminar la faena, cuando nos íbamos salimos de la mano.

Una de las cosas más curiosas de los pueblos es la cantidad de fiestas que tienen y que va todo el mundo con sus ropas nuevas y comiéndose el mundo, bueno, el pueblo.
Pues el mío tiene las fiestas del patrón, en primavera. Y como siempre, allí estábamos las 4 mosqueteras, empezando a lucir palmito que para eso teníamos unos 16 añazos, florecillas empezando a abrirse al jardín de la vida que dirian algunas abuelas.
Por entonces Ágata estaba loquita por un niñito pijo del pueblo que, con el paso del tiempo, ha resultado ser un gran hippie pero que, en esa etapa de su vida, aun se engominaba el pelo y usaba "lacostes".
Aunque con el paso de los años el muchacho de marras se volviera íntimo de Llamazares, durante toda su existencia ha sido un completo imbécil y a la pobre de Ágata la tenía todo el día con el corazón en un puño en un constante "ni contigo, ni sin ti".
Otra de las magníficas cualidaddes de este tipo era su tendencia a emborracharse en cada fiesta y fumarse sus cigarritos de la risa, con lo cual, su imbecilidad se mezclaba y creaba a un Mr. Hyde muy curioso y lamentable.
Pero cuando eso pasaba, su entretenimiento favorito era dedicar a Ágata todo tipo de comentarios que eran cualquier cosa menos graciosos.
Aquel día no fue menos, íbamos paseando en dirección a la Plaza del pueblo donde estaba toda la fiesta y el muchacho estaba sentado en la terraza de la cafetería donde acababamos de estar nosotras. Cuando íbamos saliendo, el susodicho abrió la boca y soltó varias de las lindezas a las que nos tenía acostumbradas...pero Ágata parecía que no se había dado cuenta...Ángela y yo nos miramos extrañadas pero seguimos andando.
Sorprendidas de que no hiciera ningún tipo de comentario, se lo dijimos a Ágata que puso su cara como una pintura de Piccaso, a cuadros. La pobre fue pasando por todos los colores. Aquella vez no estaba dispuesta a dejarlo pasar y, ni corta ni perezosa, se quitó uno de sus tacones y se dispuso a volver sobre sus pasos para atizarle con ellos en la cabeza al tipo.

Ángela y yo la cogimos cada una de un brazo, intentando que se calmara, pero era casi imposible, aquella situación de ella con el zapato en la mano con intención de usarlo como arma arrojadiza nos resultó tan absurda que empezamos a reirnos las dos y, claro, así no había quien sujetara a Ágata que se colocó su zapato con toda la tranquilidad del mundo y se quedó mirándonos hasta que, al final, comenzó a reirse ella también de todo aquello.
Aquella era una feria del pueblo como otra cualquiera. Hacíamos lo mismo de siempre: estrenabamos ropa, dabamos paseos por el recinto, visitábamos una y otra vez los puestos, nos montabamos en las atracciones y de vez en cuando íbamos a las carpas para bailar un poquito.
Mi pueblo tiene, además, una curiosa costumbre en las ferias. Alguna de las carpas, el último día de la feria, prepara algún tipo de "espectáculo erótico". Las comillas no son para que fijeis la vista, sino porque los espectáculos no son más que unos pequeños striptess pero que nunca llegaban a quitarse todo (no fuera a ser que hiriera sensibilidades de las personas mayores que en esa feria abundan) y algun regalito por las consumiciones como preservativos o piruletas con formas sugerentes.
A lo que íbamos, aquella noche estábamos las cuatro como siempre en la feria y se estaba anunciando el espéctaculo para después de los fuegos que, como en todas las ferias, se tiran a las 12 de la noche. En fin, después de los fuegos y sin saber que se había anunciado el "espectáculo", entramos en una de las carpas.
Baila que te baila y lo que bailamos (era la época de pleno apogeo de king africa y estas cosas que tanto gustan en las ferias de pueblo) cuando, de pronto, empiezan a poner musiquita del tipo de "9 semanas y media" y tachan, tachan, dió comienzo el espectáculo.
Allí estábamos nosotras, cuatro pipiolas con los ojos como platos. Y allí estaba Lidia, de la que el muchacho que se desnudaba tiró para que lo ayudara con su numerito...y ella, ni corta ni perezosa se puso a ayudarle...Pero claro, alli estaban también las hermanas de Lidia, mayores por supuesto, y allí estaba también la frase de: "vámonos para casa".

Nuestras caras pasaron de ojos como platos por el muchacho a verás la que se va a liar mañana.
Al final, esta aventurilla terminó con una semana de castigo para Lidia, sin salir de casa, pero después de la semana de reclusión, a Lidia le valió la pena la experiencia y nos dijo con carita pícara "QUE ME QUITEN LO BAILAO"...y bailar, lo que se dice bailar, bailó.
Correría el año 1997, más o menos, cuando comenzó todo. No sé muy bien cómo fue pero lo cierto es que fuimos a chocar todas. Ángela y Ágata eran compañeras de clase. Lidia era la vecina de Ágata y yo, como no vivía en el mismo sitio, me dedicaba a ir por allí de vez en cuando y juntarme con quien quisiera hacerme un hueco entre sus amistades...hasta que aparecieron ellas...
Por aquella época nuestro mayor hobbie era escuchar a los Backstreet boys y soñar con que algún día, el guaperas de Nick Carter, aparecería ante nuestra puerta mientras que nosotras leiamos juntas el Superpop, que era muy de la fecha. De chicos y de sexo no sabíamos más que lo guapos que podían llegar a ser algunos y el poco caso que nos hacían porque ellos eran "mayores" y nosotras...vamos a dejarlo ahí.
Tuvimos 10.000 amores ideales, con ojos azules y rubísimos...otros más cercanos pero que, igualmente pasaban de nosotras, y mientras nos divertiamos escuchando música y llegando a casa a la 1 en verano, y los días especiales que solían ser los de la feria, pues nos dejaban más tiempo.
Bebíamos Malibú con piña y Bluetropic con Sevenup, una combinación explosiva para el estómago, pero que nos hacía sentirnos las más afortunadas del mundo porque éramos capaces de pasarlo "guay" sin beber.
Teníamos algún ángel de la guarda encarnado en "hermanas mayores" que, aunque no fueran nuestra hermana, nos cuidaban a todas y nos daban los geniales consejos para ser mayor sin morir en el intento.
Buenos tiempos sin duda, pero crecíamos demasiado rápido y cada nuevo fin de semana o puente o vacaciones, era ya un ejemplo de superación del pavo y una muestra de madurez, feminismo y sensualidad...íbamos a empezar a ser lo que somos...
Buenas noches amigos internautas. Lo primero de todo es presentarme, a mi y a las grandes protagonistas de mi blog. Luego aparecerán otros, o tal vez no, pero son secundarios y menos relevantes, por eso os hablaré de mis chicas y de algún que otro chico.
Dar nombres es un problema porque claro, a mi no se me ha ocurrido pedirles permiso a ellas, lo haré luego cuando mi tarifa de móvil sea muuuucho más barata, mientras tanto y para evitar mayores problemas, diremos que nos llamamos de otra forma. De este modo es, además, muchísimo más divertido porque si lo leen personas que ya nos conocen jamás podrán decir quien es quien.
Empezaré hablando de ellas, porque empezar por mi es presuntuoso y a la vez complicado porque, está claro que esto es mi blog pero tampoco quisiera ser poco objetiva...
El núcleo duro de la amistad la hemos formado 4 chicas, después hemos tenido diversas incorporaciones, idas y venidas de gente, pero nosotras hemos sabido mantenernos desde los 15 años, más o menos...Después apareció nuestra peque...
Primero tenemos a Lidia. Era la más pequeña de las cuatro en el comienzo, y empezó siendo la más inocente, pero claro, con el tiempo sus alitas despegaron y lo hicieron con bastantes ganas.
Segundo Angela. La más lanzada de todas, más pasional, más loca...pero puede que en el fondo, la más ingenua de todas.
Tercero Ágata. Nuestra deportista, nuestra música, nuestra artista...la misteriosa, la secreta, a la que le sacabamos las cosas con cuentagotas.
Nuestra peque...Jessica. Mucho más niña que nosotros y, sin embargo, la mayoría de las veces mucho más sabia.
Y, por último, la que escribe. Me llamo Begoña, no he destacado por ser la más lanzada, pero sí la más racional, la políticamente correcta y casi incapaz de dejarse llevar por los sentimientos o por las pasiones...sería así o no?
El otro día alguien me propuso presentar a concurso otro blog que tengo, pero era demasiado soso, demasiado trascendental y demasiado filosófico para ese nivel. Entonces me puse a dar vueltas sobre qué podría escribir que pudiera interesarle a la gente...nada se venía a mi mente, mi musa se había marchado.
Entonces decidí ponerme a ver una película, estaba yo un poco románticona, que eso siempre nos gusta a las mujeres, y ví Sexo en Nueva York...¡Eureka! Sí señor, esto era lo que quería contar, yo también tengo grandes amigas y grandes anécdotas...pero claro, una es una chica normal, así que ¿por qué no hacer un pequeño diario como Britget Johnes?
Y aquí estamos, delante del ordenador, intentando comenzar este blog...espero que os guste